Paro y algarabía en el PRI… por el partido México-Holanda

David Espino


Si bien ya no es la secretaría paralela, de facto pues, del gobierno estatal, el Comité Directivo Estatal (CDE) del PRI luce vivo. En la sala de juntas José Francisco Ruiz Massieu se oye un griterío, pareciera que discuten los lineamientos, los preparativos para la convención de delegados, próxima la selección de su candidato. Son la 1:05 de la tarde, una pantalla gigante ilumina la pared de la sala donde el pleno del PRI –sin Efrén Leyva Acevedo– grita ante cada intento de la Selección Mexicana por acercarse a la portería de sus contrarios holandenses.

Este día los sectores priístas: cenopistas, cenecistas, de la mujer, jóvenes, de extensión territorial y hasta en las oficinas de la presidencia del CDE y de la delegación nacional, se mantienen en una especie de huelga, no de manos caídas sino de mente ocupada –“si, no, eh perdón, el licenciado no se encuentra, anda en la costa”– y corazón tricolor apasionado por las llegadas infructuosas de los seleccionados nacionales que sufren por marcar a los europeos.

En las oficinas de Leyva Acevedo –cuando el gato no está en casa los ratones tienen fiesta, se entiende– hasta las secretarias todas emperifolladas, enemigas naturales del deporte de las patadas inexplicables a una pelota, se ven atentas a un televisor que dispusieron ex profeso para el caso.

No obstante, el ruido del PRI vivo, intenso acaso similar al priísmo hegemónico de cuando tenían para sí y sólo para sí todo el poder del Estado, de cuando los cientos de empleados chocaban por los pasillos y los elogios de “mi lic y mi líder” resonaban por las paredes, sólo se percibe en el Ruiz Massieu.

Ni en la oficina de prensa, ni en ningún lado hay nadie. En todo caso, este edificio semeja al del PRI derrotado, del tricolor posterior al 2000 cuando Vicente Fox tuvo la osadía de sacarlos a patadas de Los Pinos y al 2005, cuando el ahora gobernador Zeferino Torreblanca le sacó unos 150 mil votos de diferencia al hoy alcalde de la capital, Héctor Astudillo Flores. Sólo falta que una bola de paja ruede por la gran explanada que se quiebra, el solazo inclemente colándose por cada una de sus baldosas.

Al parecer el único que se haya sin congoja por el suplicio del Tri, Raúl González Villalva, dicta y prepara en su oficina documentos propios para el acto que se llevaría a cabo en la tarde: la instalación de la Comisión Estatal de Procesos Internos, cuya titularidad correrá a su cargo. “Será cerrado, mi buen, será cerrado”, dice apresurado cuando se le pregunta el carácter de la reunión que se llevaría a cabo horas más tarde, a saber si es por la ceremonia o porque no se quiere perder el próximo embate a los mexicanos. 2-1, el marcador final, en favor de Holanda.

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