Breve radiografía del PRI vivo que se va con Ángel Aguirre


David Espino
Es el PRI. El PRI vivo el que se va con Ángel Aguirre Rivero. Tan vivo que se llevan sus usos y sus ritos políticos. Intactos, ayer se reunieron en un restaurante al sur de la Chilpancingo unos 500. Jorge León Robledo, ex alcalde capitalino y hasta no hace más de 10 días secretario privado del presidente de la Comisión de Gobierno del Congreso local, Héctor Vicario Castrejón; Pablo González Villalva, hermano nada menos que de Raúl, el presidente de la Comisión de Procesos Internos del Comité Directivo Estatal del PRI; muchos ex alcaldes, entre ellos: Javier Galeana Cadena, Juan Muñoz Caballero, Abel Echeverría Pineda y hasta el secretario general de SUSPEG, Héctor Acevedo se hizo presente para saludar al flamante precandidato del PRD que, sin embargo, nunca llegó.
Desde antes de las 12:00 del día, hora en que se citó a la gente, el salón Ometepec –mismo nombre del municipio donde nació el ahora ex priísta– del restaurante Los Cedros estaba llenó. De lejos incluso se oía el murmullo de hombres y mujeres que se mostraban entusiasmados por saludarlo –en realidad el barullo era el de un panal de abejas–; más de cerca, empero, era fácil escuchar las palmadas en la espalda de unos y otros junto con las expresiones “estamos con el bueno”, “seguro él gana” o bien: “se consumó la imposición con Manuel Añorve Baños en el PRI y pues ni modo que nos quedemos con los brazos cruzados”.
Infinidad de camionetas desfilaban al rededor de la fuente de baldosas del restaurante. De todos los colores y marcas, muy lujosas todas, por supuesto. Por eso no se dudó que el senador llegaría. De ellas no bajaron muchos conocidos –el menos no en el mundo de la política– pero sí gente bien. De clase alta y media alta. Lacoste, Polo, Ralp Lauren, Chanel e incluso vestidos de noche desfilaron ayer, por eso nadie dudó que llegaría. Al arribo de cada vehículo, la especulación: “en esa viene”. Pero no.
Llegó el diputado federal Sofío Ramírez Hernández, su operador en todo este proceso de transición de partido. Su sobrino Ernesto Aguirre, delegado del ISSSTE en Guerrero que luego se encargó de disculpar la ausencia de su tío por inconvenientes de última hora. El encargado de la oficina de gestoría del senador en Chilpancingo; muy propio él, dando palmaditas en la espalda de cuanto lo saludaban, y no hubo quien en el vestíbulo del restaurante se quedará sin estrechar su mano. El diputado federal Ángel Aguirre Herrera, en cambio, llegó con varias camionetas de avanzada. Esta es la buena, expresaron ansiosos algunos, pero cuando vieron bajar al vástago igual no dudaron en echar mano de la lisonja. El diputado se dejó querer, se tomó fotos con cuanto se lo pidió y hasta abrazó a señoras que por su condición se notaban de clase baja. Una de ellas vestía una playera con la leyenda “Ángel Aguirre. Felicidades”, pero éste nunca la vio.
Aguirre Herrera no entró al salón donde acalorados esperaban a su padre. Se asomó, saludó a algunos y luego junto con González Villalba caminaron, como dándole instrucciones, hacia el gran portón del establecimiento. Las camionetas arrancaron lentas atrás de ambos. La lluvia llegó con una leve llovizna. Se fue. Regresó mucho muy fuerte, implacable. Y Aguirre nunca apareció.

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