Entre chat y el YouTube el tiempo pasa más rápido en el Congreso de Guerrero



David Espino

Un grupo de tres secretarias platican concentradas mientras revisan una página de Internet. Se ven absortas, se escuchan conocedoras de las páginas web del corazón que observan, como se ha dado por llamar a este tipo de publicaciones virtuales cuya portada siempre es ocupada por el matrimonio, divorcio o engaño sentimental en el mundo de la farándula del país y de Estados Unidos.

Dos escritorios adelante otra joven se ve centrada frente a su computadora. El logotipo de YouTube y un cantante en playback delata lo que en realidad hace: admira sin rubor a un artista de moda ante quienes pasan y buscan para quien trabaja.

No, no está –dice sin voltear cuando se le pregunta por su jefe, mientras suspira por el español David Bisbal que entona cualquier canción. Sonríe con su dentadura perfecta cuando se le insiste, los audífonos conectados a su computadora la mantiene abstraída del mundo real.

Es la planta baja del poder Legislativo, donde se concentran las oficinas administrativas del lugar donde se discuten los temas centrales de la vida política social y económica del estado. Acaso sin saberlo, las secretarias lucen a diario más bien sus mejores ropas, como si fueran a un desfile de modas; entre más vistoso mejor, entre más entallado mucho que mejor. Parecieran chicas fashion para gusto de visitantes y de quienes hacen vida de jeques durante tres años.

Sí, para mí que sus tetas son artificiales –dice una secretaria a otra mientras manipula con maestría el ratón de su computadora, una artista de la televisión asoma por el monitor plano, sus protuberancias hacen adividinar el tema que las ocupa.

La charla continúa, la frivolidad campea en las conversaciones, las miradas y ocupaciones de quienes –seguro que no de todos– cobran entre 2 mil 500 y 3 mil 500 pesos a la quincena.

Los rumores sobre los romances legislativos –no necesariamente entre partidos– son la comidilla en los pasillos; es fácil escuchar comentarios de esta naturaleza: la más bonita con el que gana más (no siempre vía nómina, por lo tanto no necesariamente tendría que ser un diputado) y es lo que mantiene vivo, acaso, el interés de estar de lunes a viernes en una labor más bien monótona e improductiva, que llena de interés, como podría esperarse, por todo lo que se discute entretelones, quizá porque de eso no son partícipes ni los asistentes ni las secretarias que prefieren su vida paralela durante la jornada laboral. Bendito el chat.

Las laptop con WiFi ya no necesitan cable para entrar a Internet, y casi todo mundo aquí tiene una, de modo que los emoticonos del Messenger pueden verse a distancia en la medida en que se adentra a las instalaciones. Primer piso los cubículos del PRI, PAN y el Verde. Segundo piso los de los diputados del PRD, PT y Convergencia.

En todos los niveles, sin variar, alguien come tamales, atole, tacos, frituras o cualquier tentempié en tanto se llegan las 3 de la tarde, hora de la sagrada salida para comer. Mientras asistentes administrativos hacen infinidad de viajes con jugos y tortas, ante las advertencias sordas de los guardias del acceso principal al edificio de que ya no los dejarán salir.

Adentro de la sala de plenos la actividad pareciera ser otra, aunque afuera siga semejando un mercado.

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