Y ni Erasmo Catarino hizo que la explanada del PRI rugiera cuando rindió protesta Añorve

David Espino
El sol es inclemente, implacable en medio de la explanada cuyas baldosas se dilatan ante el plomo de luz de las 11 de la mañana mientras cientos de asistentes se cubren con lo que pueden. Dos animadores se desgañitan con los ensayos de las porras pero la gente busca papel, pancartas y hasta un periódico editado en el Distrito Federal con una edición especial dedicado al PRI para cubrirse el rostro, los ojos, los brazos. Una familia prefiere cubrirse con la manta que llevan para la ocasión, que desplegarla luego que Manuel Añorve Baños apareció en el templete una hora después para rendir protesta como candidato de la coalición Tiempos mejores para Guerrero.

Al quite, tiene que salir el dirigente estatal Efrén Leyva Acevedo con un cantante de una televisora nacional porque una canción –¡Qué más da!, del compositor cristiano Ricardo Ceratto– más próxima a un festejo religioso que a un acto proselitista tampoco hace mucho por encender los ánimos de unos cinco mil priístas que ya llegaron al mitin. Leyva presenta a Erasmo Catarino –salido de un reality show de TVAzteca– como un priísta “leal y comprometido” y como el talento hecho en carne y hueso nacido nada menos que en La Montaña de Guerrero y entonces sí se escucha un leve griterío, sobre todo de muchachitas que buscan que se quede un momento más para al menos tocarle la mano y Erasmo se deja querer por un par de minutos.

Pero luego que regresan los animadores para hacer un concurso de porras y vítores la gente vuelve a su modorra, el sopor de las 12 con todo su peso sobre sus rostros. La mujer divide al público en dos equipos y éste no atiende lo suficiente como para responder con la euforia esperada. Las voces mínimas del equipo uno se pierden entre el aire frío que da un respiro, mientras que los del dos se oyen un poco más esforzados, pero aún no lo suficiente.

Una ranchera de Joan Sebastian, de esas de hombres bragados y echados para delante, tampoco lo consigue, ni los sucesivos intentos de ensayos de porras que entregaron ex profeso en un tríptico, “Solista: escuchen compañeros, vienen tiempos mejores para Guerrero. Coro: porque amo a mi familia y no más violencia quiero, Manuel Añorve Baños gobernará Guerrero”. Pero la gente no se deja ni si quiera para emular “el saludo energético que le han de hacer al candidato en cuanto llegue” y el guión al final no fue usado como se pretendía.

Incluso, los animadores fueron retirados casi a reñadientes porque no se iban cuando –como a las 12:15 del día– al presidium ya habían llegado los ex gobernadores de la entidad René Juárez Cisneros, Rubén Figueroa Alcocer e Israel Nogueda Otero, sus pares de Coahuila, Humberto Moreira, de Oaxaca, Ulises Ruiz Ortiz, de Campeche, Fernando Ortega Bernés y hasta de Chihuahua, César Duarte Jaques, menos el del estado de México, Enrique Peña Nieto, acaso el más esperado.

También la presidenta del CEN del PRI, Beatriz Paredes Rangel y atrás de ella, inmediatamente, Manuel Añorve Baños que saluda eufórico ante –ahora sí– miles de priístas que le responden del mismo modo. Jorge Emilio González, del PVEM, el dirigente nacional de la CNC, Cruz López, de la CNOP, Emilio Gamboa Patrón; los dirigentes estatales del Panal, Sandra Luz Mota, del PV, Marco Antonio de la Mora Torreblanca, de PRI, Efrén Leyva Acevedo que bromea con Ulises Ruiz; la secretaria General, Flor del Carmen Sotelo Galeana, el alcalde de Chilpancingo Héctor Astudillo Flores y el líder de lo que queda de la fracción priísta en el Congreso, Héctor Vicario Castrejón.

La jerarquía política del PRI toma la palabra. Primero con Leyva Acevedo con alusiones directas a la traición y a la deslealtad de aquellos que buscan el poder por el poder ante una obsesión por perpetuarse en él y lo diferencia con la visión de Estado que tiene Añorve Baños. Sin referir nombres –aunque al parecer en alusión a Ángel Aguirre Rivero y todos los priístas que lo siguieron– habló de quienes han sabido responder a su obligación y compromiso con su partido porque gracias a él son lo que son.

Al priísta le sigue Jorge Emilio González, el también conocido Niño Verde, aunque sólo para arrancar suspiros de un grupo de chicas que están en el contingente del Frente Juvenil Revolucionario (FJR). “Este si es hombre no como los que están en el PRD”, le gritan y es toda su gloria porque no dio discurso sino unas palabras improvisadas al igual que Mota Rojas del Panal que subió al estrado para ser piropeada con silbidos pero no se inmuta.

Paredes es anunciada por José Luis Peralta Lobato, pero Leyva casi le arrabata el micrófono para corregir que lo que sigue es la toma de protesta de Añorve Baños, aquél consulta sus notas atónito y camina hacia atrás. El ritual se cumple ante docenas de flashes, empujones por tener la mejor gráfica y altoparlantes que ensordecen de la UCA y de la CTM. Entonces Paredes se refiere a las fortalezas de Añorve. Dice que así como se recuperó Acapulco se recuperará Guerrero. Hace referencia de su espíritu de lucha “porque representa la cultura del esfuerzo por eso es garantía de trabajo, de compromiso y de lealtad”. Por supuesto, Paredes no deja escapar el espacio para referirse a los que se fueron: “que no quieran vendernos espejitos –porfía– los que se fueron, ya se fueron” y la algarabía general rompe con la conduerma de apenas hace una hora. Al menos en el primer círculo de priístas que rodean el presidium encabezados por el extinto Toño Valdez y sus huestes de Acapulco, así como una veintena de muchachos del FJR.

Añorve vitoreado sube al podio. Sabe que es su momento, posa una y otra vez para los fotoreporteros y toma el micrófono. Hace alusiones a todos los invitados y hace alusiones también para los traidores que se fueron. Cuanta historias de dolor que –asegura– las pudo convertir en historias de éxito en su breve paso por la alcaldía de Acapulco. Las mismas que convertirá cuando el 30 de enero gane la gubertura, ofrece. Ofrece, mejor sea dicho reitera aunque matizado, la propuesta de diálogo con la guerrilla, y “una ley de amnistía para los presos políticos que pudieran existir en el estado”.

Antes, cuando se retiró momentáneamente del podio para abrazar a los protagonistas de una de sus cada vez más comunes “historias de dolor” que contó, un niño que dice encontró amarrado de un árbol cuya madre lo dejaba encargada para irse a trabajar a conseguir para comer, por un momento Erasmo Catarino y sus músicos al parecer supusieron que el mensaje del flamante candidato había terminado y entonces empezó a cantar. Tuvo que cortar y abruptamente paró la banda cuando un trabajador del CDE le dijo que Añorve Baños aún no terminaba su intervención, y cuando ya le tocó amenizar el retiro de los priístas con su abanderado en hombros, los asistentes no tuvieron más que huir del solazo que aún castigaba el rostro, la cabeza y la piel. Erasmo Catarino se quedó cantando prácticamente solo. Muchos querían seguir viendo a su candidato y así lo hicieron hasta que se subió a su camioneta.

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