Jalón de oreja en el Congreso de Guerrero a diputados impuntuales y a los faltistas

David Espino
–¡Ahí está, no que muy puntuales! –espetó Héctor Vicario Castrejón desde su lugar a la presidenta de la mesa directiva Irma Lilia Bernal Garzón y terció: –Faltan 20 minutos para la 1:00.
–Yo estoy aquí desde las 9:00 –respondió como alumno regañado el petista Victoriano Wences Real, secretario de la mesa directiva y tomó su asiento.
–Si pues, ya voy a empezar –respondió la panista y tocó el timbre cuyo botón está abajo de su lugar. Enseguida solicitó al secretario pasar lista de asistencia. Sólo 12 diputados dijeron presente.
–¿Cuántos fueron, 11? –regresó Vicario y movió la cabeza desaprobando el hecho.
Bernal, visiblemente turbada respondió mediante el micrófono: “Solicito al oficial mayor girar los oficios correspondientes a los diputados para que se hagan presentes en esta sala de sesiones”. El oficial salió apresurado por la puerta trasera y Bernal hizo un toque más del timbre. Entonces entró gritando, dicharachero, Sebastián de la Rosa Peláez, “¡presente!”, pero nadie le hizo caso.
A los 15 minutos fueron llegando uno a uno, modorros y parsimoniosos, Hilda Lorenzo Hernández, Carlos Álvarez Reyes, Catalino Duarte Orduño, Napoleón Astudillo Martínez y el presidente de la Comisión de Gobierno, Faustino Soto Ramos. Saludando a todos y secreteándose con los perredistas Jorge Salgado Parra, también el ex rector de la UAG Florentino Cruz Ramírez.
Luego un sinnúmero de colaboradores, secretarios y asesores, acaso los que hacen el trabajo de los diputados aunque sin recibir los más de 60 mil pesos mensuales –libres de impuestos, de viáticos, de pagos de teléfonos (en plural, por supuesto) y más gastos de representación y/o gestión.
Claro, las edecanes con peinados impolutos que siempre solícitas acercan agua, café, té, galletas de dieta, servilletas o lo que gusten –menos comida chatarra porque cuidan la línea y las arterias– los señores y señoras que le hacen a las leyes derogaciones, abrogaciones e incluso crean nuevas legislaciones, aunque muchas de las veces inaplicables.
Bernal observa uno a uno conforme van llegando, da sorbos al vaso desechable de unicel cuyo contenido se desconoce, y cuando calcula que ya pudiera haber quórum toca el timbre –el timbre que es como el cetro– y vuelve a pedir al secretario Wences Real que pase lista.
–Con gusto diputada presidenta –dice el petista y entonces 28 le responden presente.
–Con 28 diputados presentes declaro quórum legal y válidos los acuerdos que en la presente sesión se tomen –dice ella. Entonces la sesión inicia con la lectura del orden del día, su aprobación “de forma económica poniéndose de pie” y con las charlas en las curules o mediante celular de los diputados, displicentes sus acciones a lo que pasa en la mesa directiva y hacia quienes leen en la tribuna. Otros de plano, abandonan la sala para atender asuntos personales o de la política electoral tan en boga en estas semanas.
Al final, llegaron cuatro diputados más –Evodio Velázquez Aguirre entre éstos– y se juntaron 32 de los 46 que nunca, en todas las sesiones de esta 59 legislatura, han pisado la honorable sala de sesiones. De hecho, en el último de los puntos se tuvo que pasar lista de asistencia por tercera vez para verificar si se podía votar el exhorto al Instituto Electoral del Estado, al Tribunal Electoral del Estado y a la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales para atender de manera expedita las quejas y denuncias de los actores políticos que contienden por la gubernatura.
Sólo 24 votaron la propuesta, pero menos de éstos atestiguaron la develación en letras de oro de aquellos que participaron en la Independencia y la Revolución, inscritas en lo muros de una sala de plenos que no se quedó de plano vacía sino fuera por una inmediata segunda sesión cuyo único propósito fue autorizarle al gobernador pedir un préstamos hasta por un mil 300 millones de pesos.

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