Instituto Electoral de Guerrero, vacío de autoridad


David Espino

Rebasada la autoridad del Instituto Electoral del Estado de Guerrero (IEEG), la que además nunca ha querido asumir a plenitud, la agresión al representante de la coalición Guerrero nos une, Guillermo Sánchez Nava, le dio la razón a la sentencia que el representante de Tiempos mejores para Guerrero, Roberto Torres Aguirre, hizo en la sesión del 7 de diciembre cuando advirtió ante todos los consejeros de que si el IEEG no los llamaba al orden, entonces el partido y las coaliciones llevarían el proceso electoral al límite, situación en la que se encuentra ahora, sin importar quién haya perpetrado el ataque al perredista.

Los acontecimientos que dieron forma a la agresión contra Sánchez Nava se fueron gestando aun antes de que iniciaran los comicios, el 15 de mayo pasado. Desde la manifestación de Laura Caballero Rodríguez contra las coaliciones partidistas en La Diana de Acapulco, hasta cuando los actores políticos –Manuel Añorve Baños y Armando Ríos Piter– empezaron a promocionarse fuera de tiempo para buscar posicionarse entre los ciudadanos, en las revistas La Costa y Presencia, velada a tal punto la propaganda que la Ley de Instituciones y Procedimientos Electorales del Estado de Guerrero (Lipeg) no pudo sancionarlos.

Suman ahora ante la Comisión de Quejas y Denuncias 158 querellas por presuntas violaciones a la normatividad electoral.

La pasividad del IEEG ha sido percibida y criticada por todos. El presidente del Comité Ejecutivo Estatal del PRD, Misael Medrano Baza, declaró a la prensa que notaba que los consejeros estaban abdicando a su función; mientras que el presidente del Comité Directivo Estatal (CDE) del PRI, Efrén Leyva Acevedo, asumió que los consejeros habían sido tibios a la hora de llamar al orden a quienes buscaban ser candidatos.

Las consecuencias de ese vacío de autoridad se reflejaron acaso este martes 11 en la noche cuando presuntos brigadistas de la alianza que encabeza el PRI, agredieron a Sánchez Nava, grave su estado de salud debido a las lesiones que le causaron los golpes en la cabeza.


¿De quién es la mano?


Conocida la estela de contradicciones en el PRI, que de inmediato fue señalado como el responsable; destapado su rostro luego de la denuncia ante el IEEG por el flamante representante de Guerrero nos une, Sebastián de la Rosa Pelález, respecto a una trama orquestada desde el Distrito Federal por el despacho Primer Círculo para, entre otras cosas, causar temor ante el electorado con el fin de inhibir su participación, así como la estrategia de comprar 200 mil votos, el priísmo nacional socorrió a Manuel Añorve con descalificaciones y menosprecio a los hechos.

El día que se conoció de la agresión, dirigentes del PRD y el PRI salieron a dar sendas conferencias para culpar y deslindarse de los acontecimientos, según fuera el caso. En el primero, el coordinador general de la campaña, Jesús Zambrano Grijalba, culpó al PRI y pidió a la presidenta del CEN, Beatriz Paredes Rangel, que para abonar al buen desarrollo de las campañas entregara a los responsables del ataque; mientras que en el segundo, con dos horas de diferencia las ruedas de prensa, Efrén Leyva Acevedo negó cualquier participación de sus simpatizantes y pidió que se investigara el suceso.

Sólo que los acontecimientos tomaron otras dimensiones. Los medios nacionales y hasta agencias internaciones como la AP se ocuparon del hecho. Entonces vino la plana mayor del PRI e hicieron a un lado –como lo está de facto– a la estructura estatal priísta y a los actores locales –Héctor Vicario Castrejón ya le había atizado al señalarlo de montaje– para dar lugar a los senadores en las explicaciones y buscar parar las implicaciones del caso. Carlos Jiménez Macías, el vocero de la bancada en Xicotencatl, señaló sin rodeos que el acontecimiento no se trataba más que de una patraña.

Y la ofensiva fue más contundente cuando una vez más Margarito Chino Chino, a quien el PRD señala de ser empleado del ayuntamiento de Acapulco, publicó este domingo un desplegado de dos planas de periódicos estatales –las centrales en algunos– para culpar a los perredistas del hecho y revertir los señalamientos contra su candidato Manuel Añorve, no obstante que la acción haya sido prohibida ex profeso por el IEEG. El vacío de autoridad otra vez en evidencia.


IEEG, persistir en la tibieza


Y el órgano electoral emitió, otra vez, un llamado mudo –ahora– a las autoridades “competentes” para que el ataque al perredista sea investigado. Pero en la postura que leyó el presidente del órgano, Cesar Ramos Castro, en la sesión del viernes 14, ni una línea ágata en torno a que la agresión a Sánchez fue de hecho una agresión a la institución; ni una condena.

En el desarrollo del acto, aderezado además por las acusaciones entre Torres Aguirre y De la Rosa, forzado por los acontecimientos a estrenarse como representante, Ramos refirió que el IEEG “ni desestima ni minimiza el hecho de violencia”, sino que “lamenta profundamente lo ocurrido y confía en que las autoridades competentes realizarán las investigaciones para esclarecer los hechos y deslindar las responsabilidades”.

Llamó “a los actores políticos inmersos en el presente proceso electoral, para que eviten propiciar juicios de valor, que sujetos a la exposición mediática generen una involuntaria apología de estos hechos, que a la postre se traduzca en rechazo y desconfianza hacia los procedimientos electorales, los cuales no deben dar lugar a ningún tipo de confusión, y a los candidatos a propiciar un clima de civilidad, armonía, paz y respeto”.

Expresó: “el estado de derecho y la soberanía de nuestra entidad tienen su justificación en la voluntad popular, y ésta se refleja en la participación democrática y no puede, ni debe, con hechos violentos ser inhibida; es por ello que este órgano expresa su preocupación y hace un llamado a la sociedad para redoblar la determinación de participar en estos comicios, reiterando el compromiso de estar atentos al cumplimiento y velar por los principios constitucionales de certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad”.

Dos días después, el domingo 16, Chino Chino regresó con más fuerza a las inserciones pagadas de los diarios –los mismos que fueron apercibidos por un dictamen del IEEG para que dejaran de publicar los desplegados considerados como guerra sucia­– en los que mandó publicar una foto que había sido mostrada primero por el encargado de prensa de Añorve, Héctor Apreza Patrón, y luego por los senadores priístas, en la que se ve al perredista Urbano Lucas Santamaría esbozando una sonrisa en el lugar donde Sánchez fue golpeado. Lucas, de hecho, fue quien aviso a éste de la destrucción de la propaganda de Aguirre en la avenida cercana al palacio de gobierno.

En la imagen, en la que también aparece Saúl López Sollano aunque con un rostro adusto, se ve a un brigadista de Protección Civil o un perito de la Procuraduría de Justicia (no se distingue bien a bien) con una gorra verde con la leyenda de Añorve en la mano, y dice en la parte superior con letras grandes: Aguirre miente otra vez. Sobre la imagen, tres palabras: Farsa, traición, emboscada. En el pie se sugiere que fue Lucas quien planeó la agresión a Sánchez, mientras que en el texto se hacen señalamientos sobre Ángel Aguirre Rivero y su paso por el PRI. Galopante la guerra sucia, ha dicho el PRD.


Los antecedentes del PRI


Pero los casos de agresiones en el contexto de las elecciones han sido interpuestos también por el PRI, aun primero que los perredistas, pero sin el mismo efecto. Tanto, que el 22 de noviembre el dirigente priísta Efrén Leyva Acevedo acudió a entregar un documento a Ramos Castro a su oficina en el IEEG, en el que le pide hacer un llamado a todos los actores a conducirse con civilidad y respeto a las leyes.

Ramos Castro calificó de irresponsable la acción, y a lo que llamó fue a no vincular los hechos de violencia con el proceso electoral, a dos días de que fuera balaceado el auto del secretario general adjunto del CDE del PRI Álvaro Leyva Reyes. El acontecimiento ocurrió fuera de la vivienda de Leyva, y en el lugar los presuntos agresores dejaron un mensaje hecho en computadora e impreso en hoja blanca tamaño carta a color con letras azules ligado a las elecciones.

Ese lunes de noviembre, antes de llevar el documento al árbitro electoral, el dirigente priísta hizo, en conferencia de prensa, un corte de las agresiones de las que han sido objeto. Mencionó a Raúl González Villalba, ex presidente de la Comisión de Procesos Internos, y el robo de su camioneta; en Acapulco, habló de la destrucción de la propaganda; en Temalacatzingo, Olinalá, dijo que el presidente seccional, Juvencio Almazán, fue agredido a balazos por perredistas; el jueves 18 de noviembre cuando Manuel Añorve se dirigía a Huamuxtitlán a un acto de proselitismo, la avioneta en que viajaba tuvo un desperfecto y tuvieron que aterrizar de emergencia.

El viernes 16 de noviembre, el delegado del PRI en La Montaña fue interceptado por un grupo de gente armada a bordo de camionetas, para amedrentarlo; mientras que la madrugada del sábado 20 de ese mes, el vehículo de Leyva Reyes fue balaceado. Y cuatro días después, cuando secuestraron al ex rector de la UAG Arturo Contreras Gómez, activista y coordinador de una agrupación en favor de Tiempos mejores par Guerrero y su candidato, el PRI intentó ligar el caso con las elecciones, sólo que la denuncia no tuvo la resonancia esperada.

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